Siempre pensé que meditar no era para mi… -¡Vaya que atrevida la ignorancia me digo a veces!-
¿Como iba a dejar la mente en blanco, sin pensar en nada, quieta?
Definitivamente eso era para los residentes Tibetanos, para los que llevan túnicas naranjas, los que no tienen mucho que hacer más que sentarse a perder el tiempo y son todos muy serios….no no, necesito movimiento, yo bailo, hago deporte, trabajo mucho los estiramientos de relajación, leo, estudio, salgo con amigos, tengo un curro y ocho millones de cosas que me ocupan mi maravilloso tiempo como para ponerme a meditar. Definitivamente no, eso no va conmigo.
Pero un día el castillo de naipes se cae, un día el agotamiento llega, un día mi pensamiento deja de estar claro, me siento cansada, no gestiono bien mi trabajo, ni mi tiempo, me aborda cualquier discusión… tengo ansiedad, me duele el pecho, por que tanto agobio? Llega a mis manos un audio hablan de Mindfulness… ¿eso que es?
Escucho a una señora de Madrid no del Tíbet, hablando sobre vivir el momento presente, hablando sobre parar, sobre el aquí y el ahora, sobre dejar de ir con el piloto automático, reducir los niveles de estrés, la ansiedad, tener tiempo, contestar adecuadamente en todo momento siendo asertivo, empático, dejar de comer compulsivamente, no vivir atrapada en el pasado y proyectando en el futuro, sino vivir el AHORA….??
Uf ¿Que pastilla hay que tomar, a donde hay que ir a curarse de todo esto en esta vida? Sigo escuchando y sorpresa… ¡hay que meditar!. Nooooooo, siiiiiiiiiiiiiiiiiiii… Bien, me intereso con más curiosidad cuando muchas de las creencias que yo tenia sobre la meditación, Mindfulness las desbanca, nada de poner la mente en blanco sin pensar, dejamos que nuestros pensamientos aparezcan libremente, nuestras distracciones vengan de visita a nuestra mente, dejamos que surjan emociones, sensaciones…
Con un particular que es la clave del entrenamiento de esta meditación, nos fijamos en nuestra respiración y la usamos como ancla para estar en el momento presente, para darnos cuenta de como nuestra mente se despega y va de un lado a otro.
Osea la historia era, localizo mi respiración, en el pecho, nariz o abdomen, donde más la sienta, fijo mi atención en ella y cuando vengan todos los visitantes (pensamientos, distracciones, emociones) les doy la bienvenida me doy cuenta amablemente y sin juzgar vuelvo a mi respiración…. y este ejercicio una y otra vez, las veces que haga falta.
¿Así que eso es todo? no he de modificar nada, ni respiración, ni pensamiento, nada… no necesito irme a las montañas, ni raparme la cabeza, ni pertenecer a una religión, ni a una secta. Sólo adoptar una postura cómoda, no dormirme, estar consciente y en el momento presente… ¡buag, chupao!, lo pruebo total no tengo nada que perder… y ¡ademas esta de moda!!!! 😉
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